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¿VOLVERAN LAS OSCURAS GOLONDRINAS?
Monday, 01 April 2019 14:57

 

Golondrina común (Hirundo rustica). Encarna González.

Cada año del continente africano, millones de golondrinas (Hirundo rustica) sienten el indomable impulso de dirigirse hacia el norte. Quilómetros y quilómetros atravesando selvas, sabanas, desiertos, montañas o el mismo mar, para anidar felizmente junto al hombre en un pequeño niño de barro.

Desde siempre la golondrina nos hizo compañía y nos anunciaba puntualmente el fin del inverno y el comienzo de una nueva estación. Será por eso que tuvo un alto valor simbólico gozando del amor y simpatía por parte del hombre.

Ya los egipcios tuvieron una diosa golondrina que se representaba a menudo en los sarcófagos porque encarnaba el renacimiento y la agilidad del alma.

Los griegos que la chamaban chelidon, la transformaron en imagen de oración, por su vuelo que se eleva hacia el cielo y su dulce canto.

En la Edad Media se la consideraba, igual que las grullas, símbolo de la resurrección feliz, puesto que su llegada anunciaba los días soleados, las flores, los frutos...

Y coma la celidonia (Chelidonium majus) o “hierba de las golondrinas”, cuya sabia de oro es curativa y florece con la llegada de estas aves y puede durar hasta que emprendan su marcha, fueron un elemento muy utilizado en la decoración arquitectónica de las principales catedrales góticas.

En el Islam se llama “ave del paraíso”, por personificar el renacer y en China se la consideraba igual que en Europa, imagen de la primavera y se decía que invernaba en una concha en el mar.

Otro simbolismo antiguo cuenta que fue la encargada de sacar el fuego del cielo y que fracasó en su intento porque se le quemó la cola; desde entonces le quedó en forma de horquilla.

Otra leyenda dice que cuando descendían a Jesús de la cruz, un grupito de golondrinas se le acercaron y le quitaron la corona de espinas que llevaba puesta, un poco de sangre le cayó en las plumas manchándole la cabeza y parte de la garganta, y desde entonces visten luto en forma de manto negro azulado.

Por tener aliviado los dores de Cristo, se la consideraba sagrada y se prohibía matarla.

En algunos países cuando una golondrina se instalaba en una vivienda, sus habitantes invitaban a los vecinos para celebrar el feliz acontecimiento.

En Galicia y Portugal se decía que “daban buena suerte a la casa en la que colgaban sus nidos, porque llevaban a donde quiera que van la protección do Señor”.

Bécquer integró en el simbolismo de la golondrina todo el dramático sentido irreversible del tiempo y quizás con él, el futuro de la golondrina.

Hoy el simbolismo casi se ha extinguido y las golondrinas parece que van detrás.

España pierde un millón de golondrinas cada año debido al uso de pesticidas, al despoblamiento rural y a los nuevos modos de arquitectura urbana, que dificultan su nidificación.

 

 
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