ESCUCHAR LA NOCHE PARA CONOCER EL DÍA
En cuando el sol se oculta la naturaleza empieza a hablar. La noche también nos habla del paisaje.
Lechuzas, autillos, mochuelos y chotacabras convierten las horas de oscuridad en un momento clave para conocer la salud de los paisajes.
La Reserva Ornitológica de SEO/BirdLife de O Grove no se queda en silencio. Al contrario: comienza un nuevo turno de actividad. Algunas de las aves que durante el día pasan completamente desapercibidas salen entonces a buscar alimento, comunicarse y recorrer su territorio. Son las aves nocturnas.
Es el momento de la lechuza común (Tyto alba), el autillo europeo (Otus scops), el mochuelo europeo (Athene noctua) —especie que también puede observarse y oirse durante las horas de luz— y el chotacabras europeo (Caprimulgus europaeus).
De este grupo de nocturnas en nuestra comarca tenemos dos especies residentes que permanecen con nosotros todo el año: la lechuza y el mochuelo y dos migradoras que solo vienen a nuestra zona a criar en primavera/verano: el autillo y el chotacabras.
Todas ellas forman parte, además, del programa Noctua de SEO/BirdLife, que realiza un seguimiento de las poblaciones de aves nocturnas en España.
Observar y registrar las especies presentes en la Reserva, y comprobar cómo evolucionan sus poblaciones a lo largo de los años, nos ayuda a comprender qué está ocurriendo en los hábitats que nos rodean.
¿Por qué encontramos aquí especies diferentes?
Una de las claves está en el propio paisaje.
La comarca reúne un variado mosaico de campos agrícolas, prados, matorrales, zonas forestales y espacios más abiertos. Las construcciones abandonadas también son importantes porque ofrecen refugio y lugares adecuados para criar. Esta diversidad proporciona alimento y refugio a aves con formas de vida distintas.
¿Qué está pasando con ellas?
Los datos y observaciones recopilados por ornitólogos y naturalistas de la zona muestran que las distintas especies no evolucionan de la misma manera.
La lechuza común presenta un fuerte declive. El autillo europeo experimenta importantes variaciones de unos años a otros, mientras que el mochuelo europeo, estrechamente ligado a los paisajes agrícolas, muestra una disminución moderada. En cambio, el chotacabras europeo mantiene una tendencia estable.
Estas diferencias son importantes porque nos recuerdan que la fauna responde de forma distinta a las transformaciones del territorio.
La disponibilidad de alimento, la transformación o desaparición de determinados ecosistemas, la pérdida de lugares de cría o los cambios en las prácticas agrícolas pueden tener consecuencias muy diferentes según la especie.
Las aves son indicadores de lo que sucede a nuestro alrededor. Cuando una población disminuye, aumenta o desaparece de un lugar, puede estar revelando cambios en el ecosistema que no siempre percibimos a simple vista.
Por eso es tan importante seguir escuchándolas y observándolas. Su presencia nos proporciona información valiosa sobre la salud de nuestro entorno y sobre la biodiversidad que todavía conserva nuestro paisaje.
Proteger las aves nocturnas es proteger los ecosistemas que compartimos y, al mismo tiempo, cuidar de nuestro propio bienestar.
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